Cuando una Pareja quiere tener un Hijo
Artículo editado en la Revista CONCEBIR (Prohibida su publicación total o parcial sin autorización, bajo sanciones legales)
En casi todas las parejas surge en un momento de su historia la necesidad de tener hijos, es un deseo esperable y natural.
Cuando hay lugar para alguien más, se supone que se logrará el embarazo al dejar de utilizar el método anticonceptivo que una vez eligieron. Pero paradójicamente en el momento en que se quiere el embarazo esperado, no llega. Habitualmente al fantasear con la familia que se construirá, no se piensa en que puede haber dificultades para lograrlo. Si durante el primer año en que el matrimonio mantiene relaciones sexuales sin cuidarse y el embarazo no aparece, comienzan las dudas, temores y primeras angustias. La presencia de cada menstruación incrementa la desazón. La no concepción se va transformando en un problema que tiene soluciones diversas, en primera instancia lo pertinente es realizar una consulta médica.
Muchas veces es uno de los miembros de la pareja que presiona e insiste para que esto se efectivice. Aquí es sumamente importante consultar con un especialista dedicado a infertilidad con el fin de obtener un diagnóstico preciso para determinar el/los tratamientos adecuados e información.
Es un gran esfuerzo tomar la decisión de consultar y luego elegir el profesional. Se experimentan sentimientos que van desde la tristeza a la hostilidad, pasando por culpas que generan discusiones.
Es sumamente doloroso pensar en la posibilidad de la in fertilidad/esterilidad, tan solo nombrarlas acarrea un sin fin de fantasías y miedos.
Esto es una dificultad de la pareja que juntos tienen y pueden afrontar. En la medida que cada uno explicite sentimientos, pensamientos y fantasías se podrán apoyar mutuamente.
Es importante que lean, aprendan y pregunten sobre esterilidad matrimonial, causas y tratamientos. Tener conocimientos disminuye la ansiedad y posibilita vincularse con el médico desde un lugar más activo. Preguntar dudas, lo que se desconoce, lo que no se entiende, evita los malos entendidos, la confusión.
Es una etapa donde las presiones familiares y de los amigos por falta de un niño, se convierten en una carga que no se sabe cómo evitar.
Es conveniente estar con quienes quieran y puedan compartir este problema, sobre todo si tienen disponibilidad para escuchar lo que la pareja quiera y pueda decir sin exigencias, solo estando, acompañado. Aquellas parejas que transitaron o transitan este camino son los que más van a poder sostenerlos ya que experimentan las mismas vivencias.
Se necesita un sólido equipo, mucha constancia y toneladas de paciencia.
Durante el diagnóstico se buscan respuestas, se tiene expectativa de que en poco tiempo más se arribará a la solución. Mientras los exámenes están en marcha la ansiedad crece y se dan cuenta que la rapidez deseada se convierte en una espera, se enojan con el cuerpo porque les juega una mala pasada, con los otros que ya tienen hijos o están embarazados y con la pareja.
Por qué nos pasa esto? Qué tendríamos que haber hecho de diferente? Cuestionamientos constantes hacen perder la perspectiva del motivo por el cual consultaron.
Esta situación se incorpora al diario vivir, por lo tanto, continuar con las actividades habituales, con proyectos individuales o de a dos, son beneficiosos para no aislarse disfrutando de las potencialidades individuales y contactos sociales. La travesía recién comienza.

