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Artículo editado en la Revista CONCEBIR (Prohibida su publicación total o parcial sin autorización, bajo sanciones legales)
“Cuando salimos del consultorio del médico, sentí una opresión en el pecho, mi esposo sentía como un vacío en el estómago. Algunas cosas entendí, parezco tonta, porque otras no las recuerdo. La verdad que no sabía bien qué preguntar, si era oportuno hacerlo o no. Tenemos que comenzar con algunos estudios para obtener un diagnóstico. Cuando hablamos, surgieron algunas palabras: problemas en la reproducción, infertilidad, esterilidad. Me corrió un escalofrío! Hace casi dos años que buscamos un embarazo ¿Qué es esto?!!!”
Este relato breve es de Julia y tiene muchos puntos en común con otros en situación parecida.
Es frecuente que la angustia la expresemos a través de sensaciones corporales, que por otra parte, es una de las formas en que se manifiesta. Así como un diagnóstico lleva cierto tiempo, también se necesita de tiempo para asimilar o elaborar psíquicamente, emocionalmente esta situación. El tiempo real que demandan los estudios y la medicina, no son los mismos en como lo vive la pareja que consulta.
Algunas parejas ya hace varios meses que están esperando un embarazo, otras, algunos años.
El tiempo de las ganas de ser padres presiona sobre el tiempo biológico y las posibilidades de los tratamientos. La ansiedad muy intensa puede perturbar, impidiendo la reflexión y la posibilidad de compartir sentimientos, incluso positivos.
Después del impacto inicial, es conveniente darse la posibilidad de pensar juntos e individualmente la repercusión interna de la información médica recibida.
Pareciera que la cabeza va a explotar pues recuerdos, miedos, ideas, fantasías, se mezclan con conceptos médicos, y algunos incomprensibles.
Qué se puede hacer? En principio aceptar la existencia de estas sensaciones y que son altamente frecuentes. La ansiedad, la tristeza, son emociones que durante el camino hacia el hijo estarán presentes en mayor o menor medida. Hay que aprender a convivir con ellas, sin dejar de vivir. La información científico-médica, es un elemento de suma importancia que colabora a disminuir la angustia ya que poder comprender las explicaciones médicas, permite reflexionar para decidir la opción más adecuada para la pareja.
Cada persona tiene el derecho y la obligación de preguntar sobre lo que desconoce o ignora del funcionamiento de su cuerpo. Cuáles son los procedimientos técnicos de diagnóstico, para qué y qué efectos tienen las diferentes medicaciones, cuáles son las soluciones posibles a cada problema.
Establecer un diálogo y buen vínculo con los médicos facilita el trabajo en equipo a lo largo de los tratamientos. Entrar en el mundo de los problemas reproductivos con adecuada información proporciona herramientas útiles para incorporar un lenguaje distinto en la vida cotidiana. Pueden así evitarse los malos entendidos, lo no entendido, especialmente en la pareja. Además, permitirse preguntar habilita poder responder también a familiares y a amigos, que seguramente desconocen lo que están atravesando y saben mucho menos de este tipo de problemas.

