Cuál es el camino ahora?

Artículo editado en la Revista CONCEBIR Nro. 10

(Prohibida su publicación total o parcial sin autorización, bajo sanciones legales)

 


Primero fue aceptar la posibilidad de que para ser padres biológicos había que recurrir a la ciencia, a los médicos y realizar tratamientos de fertilización asistida. Fue duro pero allí estaba el desafío y las ganas de ser padres y tener hijos. Los seres humanos no estamos, ni podemos prepararnos para las malas noticias, sabemos que existen, que pueden pasar, sobre todo, le tocan a los otros. Pero a veces llegan, sin aviso previo.

Después de uno o varios resultados negativos de FIV, o bien , en el primer diagnóstico, cae un golpe demoledor.

Los ovocitos no tienen fuerza procreativa o la azoospermia es indudable. Qué terrible sensación! Inimaginable! Será cierto esto que escucharon? Seguramente se querrá realizar otra consulta que niegue este diagnóstico. También se puede negar todo y pensar que si hay milagros, por qué no esperar uno? Cómo es esto que si hay menstruación los ovocitos “están viejos”, estoy vieja y no sirvo? Se pierde potencia sexual sin espermatozoides?

Las alternativas posibles para construir una familia son ahora la donación de gametas o la adopción. El impacto es tan contundente, que la cabeza se tiene que reordenar. Cómo recibir un ovocito de otra mujer o recibir espermatozoides que no son de mi pareja? Cómo se puede ser madre o padre de un hijo no genético? Qué se le dice al niño sobre su origen cuando crezca? Se le dice? Y la familia? Qué le puede suceder a la pareja cuando uno “puede” y la otra parte no? Y la adopción, no es difícil también? Y los donantes, son sanos? Eligen a alguien parecido a la pareja? Los donantes pueden reclamar algo, después? A cuántas personas donan los gametos? Son anónimos los donantes? Qué sienten los donantes?

Una montaña de preguntas bombardean el cerebro y las más diversas emociones apabullan el alma. Se puede lograr un poco de calma para preguntarse qué se desea, qué se puede, qué se tolera.

La maternidad y la paternidad son funciones impuestas por la cultura, que fueron cambiando según la historia de la humanidad y las geografías. No necesariamente se relacionan con la biología, menos con la genética.

Cada pareja, cada hombre y mujer tendrá que elaborar esta pérdida, es el duelo por que el cuerpo no funciona, no responde como se hubiese querido y era esperable. En algunas situaciones las parejas aceptan recurrir a un banco de semen o donación de ovocitos pues de esa manera mantienen la posibilidad biológica y una parte de la continuidad genética.

Esta chance que otorga la ciencia necesita de ser asimilada internamente, psíquicamente. Es importante destacar que el deseo de un hijo y de ser padres es el motor para elegir el camino de la donación de gametas o la adopción, ambos caminos llevan a construir una familia. Reconocer un niño desde la mirada y filiarlo con un nombre es incluirlo en la genealogía familiar, es otorgarle una identidad, el lugar de hijo..., de nieto..., de....

Donde en la historia familiar tiene que primar el deseo, el afecto para transformarlo en palabra y acción para compartir la experiencia única de la parentalidad. El primer anidamiento que un embrión tiene es el espacio mental para ese hijo por venir.

Tal vez no tenga el color de ojos del abuelo, pero “heredará” pasiones y estilos de vida que no portan los genes sino que se absorben y transfieren en la cotidaneidad familiar.

Portar un embarazo, ver crecer un vientre, experienciar el parto y la lactancia son vivencias a las que no es fácil renunciar y pueden ser posibles.

Hay que desandar un trayecto de muchas preguntas y dudas, miedos y angustias, expectativas, tesón, y ..... mucha esperanza. Es conveniente contar con recursos para darse el tiempo propio de metabolizar la elección de la donación de gametas. Escuchar a otras parejas en la misma situación, asesorarse médica y legalmente, y prepararse emocionalmente en las mejores condiciones psicológicas para ahijar a un niño, son los requerimientos que apuntalan la decisión .

Todo niño es ahijado en el momento que los padres lo reciben en sus brazos, con o sin gametos propios, concebido con ayuda médica o no, adoptándolo.

CONCEBIR un hijo todavía sigue siendo un enigma más allá de los adelantos científico-técnicos en reproducción humana.

Desgastar fantasías, interrogantes, lágrimas y palabras en un espacio terapéutico es una oportunidad no desechable que se complementa con las emociones compartidas y el sostenimiento entre parejas que eligen transitar por esta opción.

La tranquilidad profunda que pueda sentirse de que en algún momento se va a disfrutar de la crianza de un niño, de que se van a construir vínculos padres-hijos en una propia familia, permite ir tejiendo un invisible hilo de afecto con el hijo de los sueños.

En algún momento se podrá disfrutar de la experiencia intransferible, no hereditaria, de ser padres.

 


 

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