De placeres cotidianos
Artículo editado en la Revista CONCEBIR Nro. 9
(Prohibida su publicación total o parcial sin autorización, bajo sanciones legales)
El recorrido de una pareja en búsqueda de un hijo que no llega es muy duro. A lo largo de los estudios y tratamientos médicos se atraviesan innumerables situaciones de frustración y displacer. Sin embargo, en los talleres de Concebir es bien conocida la frase “no hay que infertilizar la vida” en el intento de superar la infertilidad.
No es imposible vivir placenteramente algunos aspectos de la vida sin bebé. De hecho, muchas parejas rescatan la posibilidad de aprovechar tiempos que ya no estarán disponibles cuando llegue el momento de criar un hijo.
Estos tiempos pueden ser muy bien utilizados aún sin perder de vista el deseo de tener una familia. ¿De qué se trata entonces? De satisfacer las ganas propias y de la pareja, de “complacerse” partiendo de pequeñas cosas de la vida cotidiana.
Cuando no es posible conservar un espacio de disfrute sucede que se pueden perder las referencias más simples y vitales que nos permiten mantenernos a flote aún en la tormenta. Ese plus de placer que una pareja puede llegar a concederse será una fuente de fortaleza a la hora de enfrentar el dolor. Lo placentero no tiene que ver solamente con la sexualidad, ni con el uso del dinero.
También puede ser maravilloso pasar el día al aire libre, caminar por la costanera de Quilmes sin ninguna flor robada en algún jardín, en la reserva ecológica o simplemente matear en algún parque a elección según sentimentales recuerdos o fantasías futuras.
La consigna sería cuidarse y cuidar al otro, no a partir de los límites y prohibiciones sino dándose permiso frente a las cosas que se desean. El sentirse aislados, diferentes del resto de la gente es en parte consecuencia de la gran cantidad de renuncias que se van imponiendo en la vida de la pareja embarcada en los tratamientos. “No podemos salir porque tenemos que ahorrar para la FIV”, “Preferimos no ir porque hay una pareja que espera un bebé y esto nos resulta demasiado doloroso”. Frente a estas situaciones conviene pensar en lo que se pierde, más que lo que se gana. Porque los intercambios con el mundo que nos rodea, aunque resulten espinosos, también nutren y dan energía a la vida de pareja, la confrontan con diferencias y semejanzas que permiten valorar lo que se tiene.

