Estoy triste!
Artículo editado en la Revista CONCEBIR Nro. 8
(Prohibida su publicación total o parcial sin autorización, bajo sanciones legales)
María: "Tengo como una sensación de opresión en el pecho, más justamente, acá en el medio. Después de varios meses de esperar el embarazo, empezó de a ratos, de vez en cuando. Mientras hacíamos los estudios para saber que pasaba, aumento. Yo, pensaba, y pensaba, qué me, qué nos pasaría. Me calmaba después que lloraba. Pero no se puede vivir, ni llorando todo el tiempo, ni con ese malestar casi permanente. Hablo con algunas amigas, con mi esposo, pero parece no alcanzarme...
...Pasó bastante, ahora que hicimos el primer tratamiento de fertilización asistida y estamos esperando el resultado de la beta, estoy como al principio, encima no me aguanto. Se que angustia y ansiedad, pero..."
Santiago: -"A mi me pasa que..., me aguanto las ganas de llorar. Disimulo, pienso en otra cosa, no me quiero dar manija. Estoy ocupado 30 horas al día. No dejo tiempo vacío. Yo la entiendo, pero no podemos estar mal los dos... ¿O sí? No sé.”
Alguna vez, seguramente sintieron o pensaron, cosas parecidas. Pero qué es esto y qué se puede hacer.
La angustia es un fuerte dolor, una profunda tristeza. Es: estar triste. Se experimenta esta sensación cuando una persona pierde un ser querido, algo valioso, que tiene una significación importante internamente.
Siempre se sufre cuando se pierde o esta la posibilidad de perder lo que se quiere, o se presentan obstáculos desconocidos que quiebran proyectos anhelados. El desgano, el decaimiento, la congoja, son diferentes palabras para describir lo que habitualmente se siente. Normalmente, es así.
Ya nos es solamente el dolor psíquico, sino que el cuerpo acusa recibo de la situación. Es entonces que duele el pecho o bien algún órgano o parte más sensible, se hace escuchar.
El corazón se acelera, puntadas en el estómago, ganas de dormir y desconectarse, la cabeza pareciera que va a estallar, no deja de pensar, es una máquina. Estas son algunas de las posibles manifestaciones.
Es difícil explicar esta aflicción, pero también es difícil acompañar, estar y hasta convivir con quien la padece y padecerla. Para una pareja que tiene como alternativa para lograr la pater-maternidad realizar tratamientos desde baja a alta complejidad, es arduo trabajo soportar este sentimiento. Aquí no se debe evaluar si es correcto o no, simplemente que es esperable y hasta necesario. El sufrimiento cambia la mirada de un sujeto sobre el mundo y de sí mismo. Los valores, las prioridades, las necesidades, se transforman, se altera el orden pre-establecido. La realidad de los tratamientos sacude la estructura mental de cualquier persona, sin tener en cuenta edad, género, religión, profesión.
La honda tristeza, asusta. Pero si se contacta con ella, se la empieza a conocer, permitiendo la búsqueda de recursos propios para afrontar la realidad adversa, por lo menos intentar domesticarla un poco. Desde este otro lugar, se descubren aspectos de uno mismo, de la pareja, de los que nos rodean, que hasta ese momento pasaron inadvertidos.
Sirve además para aprender qué hacer o qué decir cuando no se esta solo, o en la intimidad de la pareja. Cuando se esta bien (teniendo en cuenta que la realidad cercana y lejana que nos toca es compleja) uno se integra y participa en el grupo familiar y social, más o menos sin trabas, sin problemas.
La cuestión se complica cuando uno, se siente triste y aunque con esfuerzo se quiera evitar, de alguna forma, irrumpe. Puede ser un gesto, la actitud, la mirada, el silencio, una opinión.
Es que a veces suenan huecas, ante la inmensidad del dolor. Por otra parte, todo no depende de los otros, con qué se cuenta individualmente y en pareja para soportarla.
Poder hacer historia de lo que se construyó, de los proyectos, como comúnmente se dice, ver la mitad del vaso lleno, para ver luego como se consigue el resto. Las energías ponerlas en apostar que van a ser padres. Y si la tristeza invade, aceptarla sabiendo que se oscila entre buenos y malos momentos, entre alegrías y depres, y que forma parte de la vida. Hay soluciones múltiples, cada pareja tiene su tiempo para evaluar y elegir distintos caminos.
La tristeza es musa inspiradora de creatividad, poetas, músicos, plásticos, canalizaron sus pesares transformándolos en un producto gratificante y compartible.
No por ello, se deja de sentir angustia, ni tampoco es un consuelo. A la persona angustiada, se la acompaña, contiene, pero no hay consuelo, ayuda ir al encuentro de soluciones. Con esto tampoco decimos que es una sensación maravillosa, sino poder ver como contrapartida algún beneficio. Puede ser un mayor diálogo con la pareja, hallar aspectos solidarios entre viejas y nuevas amistades. Darse y dar chance de observar con otro cristal, con menos expectativas, pero con más fuerza a futuro. No hay pastilla o medicación que alivie este tipo de pena, no hay ejercicio o técnica que la haga desaparecer.
Es positivo no dejarse caer en las redes de la angustia, que paraliza sin salida. Las recetas mágicas no existen, si no disminuye se pedirá una mano, incluso psicoterapéutica. La angustia persistente y profunda no solo se relaciona con causas actuales, en ocasiones hay raíces de larga data que calladamente tienen efecto sin ser conscientes de ello.
Buscar sus orígenes, baja su influencia. La esperanza y la ilusión de un niño, lo justifican.

