Me permito una pausa?
Artículo editado en la Revista CONCEBIR Nro. 11
(Prohibida su publicación total o parcial sin autorización, bajo sanciones legales)
“Mes tras mes… y nada. Hace 2 años que empezamos con las consultas médicas porque no llegaba el embarazo. Primero el diagnóstico, luego que necesitábamos ayuda y comenzamos con inseminaciones.
Hicimos tres y nos recomendaron una más. Si el próximo resultado es negativo, tendríamos que seguir con un tratamiento más complejo: fertilización asistida. ¿Se puede parar? ¿Cuándo?”
Laura se pregunta si puede parar.
También podría preguntarse si es aconsejable descansar o cuánto tiempo es conveniente esperar hasta el siguiente tratamiento. Sería importante en principio, detenerse y reflexionar.
No se está corriendo ninguna carrera.
El cuerpo y la mente necesitan un recreo. Es necesario reacomodarse ante tanta angustia, tensiones, expectativas y frustraciones. Pero, ¿cuándo? El momento lo tiene que encontrar cada pareja. Especialmente la mujer, ya que es la que tiene que estar muy atenta durante un tratamiento y más si es de alta complejidad. Desde medir la cantidad de medicación y la organización de los horarios, los controles ecográficos, la aspiración de los ovocitos y luego la transferencia de embriones, si los hay, ¡y a esperar!
El cuerpo cambia, se perciben sensaciones diferentes, la mujer se siente con más panza, la ropa no entra, los pechos más grandes, para colmo! Esto nadie lo ve. Para el hombre tampoco es fácil jugar el rol de acompañarla y jugarse luego con la muestra de semen.
La cuestión es cómo desgastarse lo menos posible e incluir estas “obligaciones” en la rutina, todos los días.
A veces parar, es ganar, ganarle al sufrimiento. Cada uno se tiene que autorizar e ir contemplando las posibilidades, no sólo económicas, las afectivas también.
Sabemos que el tiempo de la biología no es igual al tiempo que a cada uno le gustaría tener. Tampoco es igual al tiempo psicológico que es el que posibilita detenerse o empuja a la vorágine. Es por todo esto que hay que preguntarse sobre los costos, que en ocasiones comprometen desfavorablemente la relación de la pareja y la calidad de vida.
En la medida que se pueda sostener el deseo de ser padres, se elegirán los caminos posibles. Se podrá tener la seguridad interna y profunda que en algún momento lo lograrán. Darse una tregua, reencontrarse con proyectos individuales o de a dos, aquellos que dejaron abandonados en un rincón, reencontrarse en y como pareja, disfrutando de pequeños placeres olvidados. Esto es juntar fuerzas y ganas para continuar.
Se podrá decir: seguimos. Y seguirán con lo que puedan, porque no hay recetas.
El niño que va a venir necesita de padres para quienes la risa y el humor también existen.

