Psicología

Artículo editado en la Revista CONCEBIR Nro. 6

(Prohibida su publicación total o parcial sin autorización, bajo sanciones legales)

 


La sexualidad, órganos genitales, relaciones sexuales, procreación, sobre todo sexo, temas y palabras evitadas, desfiguradas, transformadas que marcan la dificultad de ser incluido en el lenguaje cotidiano.

De padres a hijos se trasmiten valores sociales, éticos, intelectuales, información que los conecta con la historia familiar y de la comunidad. Pero información sobre el cuerpo, la sexualidad y su relación con el placer, están omitidos.

La herencia de la tradición religiosa judeo-cristiana, a la que podría agregar la victoriana que recibimos de los aires europeos, fue y es sostén de prejuicios y censuras sobre esta temática. La revolución sexual de los años 60-70, no alcanzó para borrar los tabúes, generó corrientes contrarias, por un lado exacerbó el puritanismo y la ortodoxia y por otro estimuló la pornografía. Lo difícil aún  hoy es correrse de los extremos para recuperar la sexualidad desde un aspecto vital, placentero y necesario para el sujeto humano.

En la actualidad, todavía a los padres les resulta  problemático hablar de las diferencias sexuales anatómicas a los hijos. De cómo se concibe un niño, de lo qué es un acto sexual, de cómo se usa un preservativo, no sólo para evitar un embarazo sino para protegerse del sida y así entregarse al maravilloso mundo del encuentro de dos cuerpos solamente para disfrutar.

La sexualidad aceptada, es la que bajo la legalidad matrimonial esté al servicio de la reproducción de la especie, continuidad genealógica y garantías de herencia. Las ideas femeninas promovieron la contracepción, la planificación familiar y desvincular el amor del matrimonio, la sexualidad de la maternidad.

Aquí estamos con las paradojas socio-culturales, con los avances científicos que tratan de modificar las fallas de la naturaleza ante la infertilidad, y donde la sexualidad sigue siendo el GRAN PROBLEMA.

Primero los conflictos con la sexualidad para evitar el embarazo, luego para buscarlo y en el camino todo lo que se pierde de conocer y vivenciar.

Durante los tratamientos en la búsqueda de un hijo, el tema recurrente es el cambio que se sufre, porque es así, SE SUFRE. Se sufren las modificaciones en los hábitos sexuales de la pareja. El condicionamiento más duro es que algo de la intimidad, de la órbita de lo estrictamente privado pasa rápidamente a ser Público.

El acto sexual a servicio de un estudio, o según el momento de ovulación funciona como amenaza de de-sexualización. De alguna manera se atenta contra el deseo, eje del encuentro amoroso de la pareja.

Hay una mutación del deseo sexual placentero en deseo de concebir un hijo, tornándose en una ejercitación mecánica indicada por el médico. Lo que en otro momento fuera prohibido se convierte en obligatorio. Un tercero indica, por supuesto que adecuadamente desde el punto de vista científico, cuándo se debe y cuándo no se puede. Gráficamente es como tener un observador-director en el medio de la cama.

Afectivamente es como perder la libertad de desear, la capacidad erótica.

Se pierde la posibilidad de la seducción, del juego y la diversión.

Tampoco  en las consultas por infertilidad, durante los tratamientos, se habla de la sexualidad y las dificultades que van apareciendo con el riesgo de instalarse a veces casi en forma crónica.

Desde las no ganas, estoy cansado/a, me duele la cabeza, mejor cuando nos toque, falta de erección, de lubricación vaginal. Problemas con la eyaculación, falta de orgasmo, dolor y molestias en la penetración, podemos seguir con la enumeración de síntomas que muestran cierto deterioro, o temor a lastimar al otro, se padece en silencio tomando como natural este desgano. La angustia, la ansiedad son causa y efecto al mismo tiempo del alejamiento del cuerpo a cuerpo, de la envoltura erótica que apacigua el dolor.

Recuperar el cuerpo para el placer es además otorgarle una dimensión diferente. Es sacarlo del lugar de objetivo-máquina-científico y devolverle la función de sostén, de sostén por el amor, por el deseo y desde allí inscribir el deseo y búsqueda de un hijo. El contacto de la superficie corporal, calma la ansiedad brindando protección.

Es importante recuperar el vínculo desde el erotismo, la proximidad corporal facilita un nivel de comunicación  que da luego lugar a las palabras. El abrazo, la caricia cuidan y fortalecen para poder tolerar los avatares de los tratamientos. El  padecimiento puede ser aliviado, tal vez por un gesto o acción que transforme el clima de aburrimiento depresivo, en un ámbito donde se despliegue la seducción y la sensualidad. Darse permiso para jugar con el cuerpo, reencontrarse con lo placentero de la sexualidad.

Animarse también a descubrir áreas del corporales, sensaciones y satisfacciones dormidas o no exploradas. Recrear a diario el erotismo consolida la pareja para acompañarse con más energías durante el tiempo de espera del hijo. Cultivar el erotismo es un trabajo, no es sencillo ni fácil, pero vale la pena intentarlo. El armado de una familia no es solamente la búsqueda de un hijo, es crear las condiciones de convivencia para tolerarlas tormentas, los desencuentros y las crisis. Por sobre todo dejar espacios  para decirlo que se siente, lo que provoca más placer, pues hay una intimidad que debe ser inviolable: la intimidad de la alcoba que es imprescindible reservar.

Leer sobre sexualidad, sobre técnicas amatorias, ver películas estimulantes, salidas románticas que no siempre implican gastos, cada uno puede agregar las más diversas sugerencias. En la sexualidad las limitaciones las pone el temor y los prejuicios, hay que dejarse llevar por las fantasías, el amor y el deseo. La sexualidad, órganos genitales, relaciones sexuales, procreación, sobre todo sexo, temas y palabras evitadas, desfiguradas, transformadas que marcan la dificultad de ser incluido en el lenguaje cotidiano.

 


 

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