Que rabia que tengo!

Artículo editado en la Revista CONCEBIR Nro. 5

(Prohibida su publicación total o parcial sin autorización, bajo sanciones legales)

 


La rabia y el dolor con sentimientos que a veces de manera alternativa o mezclados son la expresión habitual en la experiencia de infertilidad.

Cuando nos referimos al dolor, por un lado hablamos de tristeza, de la angustia, de las ganas incontenibles de llorar. Por otro lado, el dolor es el padecimiento físico durante los estudios y tratamientos médicos. Son los que aparecen cuando se comienza con la búsqueda del embarazo, mes a mes, en cada menstruación, se incrementan en el momento de la primera consulta y acompañan en el diagnóstico, en los intentos ante los tratamientos de baja y alta complejidad. Da la impresión que nunca van a dar tregua.

En este largo camino se conocen  y sienten distintas y variadas emociones.

La rabia, fastidio, bronca, ira, furia, cólera, enojo, son sinónimos frente a la situación de frustración, pérdida, temor a lo desconocido, incertidumbre.

De acuerdo al estilo de personalidad, cada individuo tiene en mayor o menor medida dificultada o facilitada la vía de descarga de la hostilidad. Su abierta manifestación no es bien tolerada socialmente. Se la puede interpretar como la muestra de un conflicto individual o mal carácter.

El enojo puede ser con Dios, porque no ayuda en la concepción, por la injusticia que les asignó, la sensación de castigo por cosas no realizadas.

Bronca con el cuerpo porque no funciona normalmente y como se desea; consigo mismo por sucesos y pensamientos pasados.

Se incluye en este malestar a la pareja, sobre quien se descarga una cuota de responsabilidad en el problema, bronca con aquellos que se embarazan, sobre todo con los que lo logran sin haberlo planificado.

Enojo con los médicos, con las ciencias, con todo esto y mucho más. La lista es larga. A veces la bronca se apodera de uno, va tiñendo el pensar y el diario vivir. Se alterna entre lágrimas y furia. Cada parte del cuerpo pareciera hacerse cargo de este sentimiento. Palpitaciones, flojera, estremecimiento, como si se estuviera a punto de estallar.

La rabia puede provocar la sensación de vulnerabilidad y que nadie puede cooperar en el problema. El descontrol y el desconocimiento de los propios afectos no pueden enturbiar un proyecto y un deseo y a futuro.

El primer paso, una vez empezado el proceso de elaboración -aceptación del problema-, es darse cuenta reconociendo que este sentimiento es normal y forma parte de esta crisis vital inesperada, que es la infertilidad.

Segundo paso, es como ayudarse manejando y conviviendo con estos momentos y estados de hostilidad. Cuándo y cómo expresarlos o guardarlos, pues en ocasiones son útiles para protegerse. A veces son generadores de energía que impiden sumirse en una profunda y paralizante tristeza. Otras, y esto es un peligro, es tapar la pena, a congoja, como si no existiera.

La rabia hacia el mundo externo, los aleja de los vínculos queridos impidiendo aceptar y solicitar el oído y la palabra que alivia el sufrimiento.

Si el enojo se detiene en el cuerpo, no se le brindará el adecuado cuidado para que esté preparado al recibir la medicación, tanto para el hombre como para la mujer, para acoger el/los óvulos, los espermatozoides, los embriones.

Sería conveniente conocer los disparadores de la bronca, descargarla en el momento necesario, con las personas que se animen a contenerla. Es muy difícil! Pero vale la pena el intento. Hay interlocutores sostenedores tanto para la angustia como para la rabia. No hay pastillas que la disminuyan o eviten efectos nocivos.

Está comprobado que el factor emocional, que familiarmente se denomina stress, incide en los resultados negativos.

Cada individuo es el resultado de una compleja interacción permanente entre el psiquismo, el cuerpo y el medio ambiente. Ya que los aspectos de la biología, de la fisiología, no son controlables a voluntad, se puede tratar si de modificar aquellas conductas, sentimientos que hagan obstáculo en la prosecución de los tratamientos. Para esto no alcanza la descarga de la emoción, o el desgaste de energía física, es necesario a través de desagotar los sentimientos y pensamientos de la historia de cada uno, acumulados profundamente. Compartirlos en pareja, con uno mismo, con quienes atraviesan iguales experiencias, y en espacios psicoterapéuticos.

Tener en cuenta que conocerse un poco más, provoca cierto temor a descubrir aspectos impensados, pero disminuye la angustia, sentimiento que se esconde e irrumpe al igual que la hostilidad.

Trayendo síntomas perturbadores, trastornos en el sueño, problemas gastrointestinales, jaquecas, taquicardia, dificultades, falta o exagerado apetito, y poco o nulo deseo sexual. Sería conveniente estar atento a estos elementos, para conocerlos y transformar la energía de la bronca y la angustia en energía protectora, para aprovechar el diario vivir tal vez, un poco más relajados, con más permisos y menos exigencias..

 


 

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